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Cristina: ¿A María le gustaba que usted tocara el órgano?
¿Había alguna, algún coro, algún himno que le gustaba que usted
tocara?
Viejito: Sí, pos sí, estaba ella muy contenta,
pues, que yo fuera.... Este... ha sido mi anhelo de tocar en
la iglesia.
Cristina: Perdón, ¿hay algo que usted tocara para ella,
algo que le gustara mucho oír?
Viejito: Pos los cantitos de la santísima Virgen.
Cristina: A ver, vamos a ver un cantito de la santísima
Virgen, ¿qué le parece? ¿Se puede?
Viejito: Sí, como no.
Cristina: Pues adelante, maestro, por favor.
Viejito: Con el órgano, ¿verdad?
Cristina: Sí, señor.
Viejito:¡Oh María, madre mía! ¡Oh consuelo del mortal!
¡Amparadme y llevadme
a la patria celestial!
Cristina: Cuando era niño, ¿le decían que usted tenía un
ángel de la guarda?
Viejito: Ah sí, como no, y desde entonces me acuerdo
porque todos los días le rezo a mi ángel de la guarda tanto
en la mañana como en la noche. Yo les he aconsejado a muchos
que no dejemos esa devoción de ese ángel de la guarda que Dios
nuestro señor nos dio a cada quien desde chiquillos, desde que
nacimos, para que nos cuide toda nuestra vida, hasta la muerte.
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