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Cristina:
¿Cuál es el pan que más le gustaba de niño, que le apetecía, que lo
codiciaba así como para que fuera nada más suyo y comérselo?
Perro Aguayo: Mira, yo, el pan que siempre soñé, este...
Una vez en el rancho, tenía yo como unos cuatro años, mi padre prestó
un burro a un señor y regresó el burro al mucho tiempo y nos llevó
un pastel, un pedazo de pastel, del pastel que se corta por en medio
y se le pone engrudo, un engrudo de color... de color sobre todo rosa.
Cristina: ¿Para que parezca mermelada?
Perro Aguayo: Sí, exacto. Pero es engrudo, es un pan
corriente, pero qué rico. En ese momento mi madre, muy inteligentemente,
hizo las partes de cada uno y, de cada parte, pos separó pedacitos
pa darnos. Y yo ese pan lo disfruté mucho, aunque fueran pedacitos,
y yo me daba; me asomaba yo de niño, me asomaba a ver si veía al señor
y casi me lo imaginaba con un pan, pero completo. Un pan completo.
Teníamos hambre. |
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