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Cristina:
Llega un momento en que no nos conformamos con eso y queremos saber
más. Yo lo ando dudando a pesar de que las cuatro esquinas que protegen
al hombre o a la mujer estén marcadas. Yo he estado buscando porque
sé que en el fondo Miguel Bosé es un escritor. Lo es desde hace mucho
tiempo, desde que sintió que esas palabras que escribe lo comunicaban
mejor con usted y conmigo, y encuentro aquí una serie de contradicciones
fascinantes: número uno, escribe a solas; número dos, quema sus cuentos.
Qué envidia, se puede dar el lujo de quemar sus cuentos. Segundo,
lleva un diario y, tercero, después escribe, y no solamente se hace
público completamente lo que escribe, que son sus canciones, sino
que las cantamos todos a voz en cuello. Sáqueme de ese atolladero.
Miguel Bosé: ¡Ah! El hombre tiene el derecho, y además, la
fantástica y fascinante capacidad de ser tremendamente contradictorio,
¿no?
Cristina: ¡Qué bueno!
Miguel Bosé: Y que se siga manteniendo. Hay una parte privada
-y te la voy a explicar y la vas a entender enseguida-. Lo que me
ayuda a crecer y lo que es mío: la literatura, que considero que es
privada y que considero que nunca podrá llegar a ser pública, porque
hay una cosa que respeto por encima de este mundo y es la literatura,
porque es lo que más me ha dado, lo que más me ha dado alas. Cuando
era pequeño, yo dormía y leía por debajo de las sábanas.
Cristina: Y lo acusaban por eso...
Miguel Bosé: Y me acusaban por eso, y entonces lo disfruto tanto
que eso, eso, en el momento que yo he sentido que me ha servido para
esta autoconfesión, este crecimiento, esta purga, está maduro y prácticamente
ya ha tenido su sentido, y no tiene por qué tener un sentido público. |
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