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Cristina:
¿Cuántas horas de clase toman ustedes? Se lo pregunto, desde luego,
a Cruz Ramírez.
Cruz: La clase para nosotros, más pequeñines, tenemos que
ensayar más que nada los papás que los niños, ¿verdad? Aprenden a
través de sus papás, de unos tíos, de unos abuelos que son danzantes.
Ellos animan más a los niños, ¿verdad? Rápido lo aprenden, con dos
o tres o cuatro ensayos aprenden los pasos, de los pasos que lleva
la ceremonia. Una vez aprendida la ceremonia empiezan a hacer la subida,
y para ellos es un ánimo estar presente, un papá o un abuelo; por
decir así, se siente orgulloso el niño, es más rápido aprende que
le da pulso el calor de un primo, de un tío, y es donde ellos aprenden
más rápido.
Cristina: En ese aprendizaje se siente como si fuera una conversación
con la familia. No sé si así lo piense Francisco Hernández.
Francisco: Efectivamente así es, es una herencia que nos heredaron
nuestros ancestros, es una de las culturas prehispánicas. Entonces,
representamos a México, como lo dijo el compañero, en otros países.
Nos sentimos muy contentos pero, sinceramente...
Cruz: La ceremonia...
Cristina: Cruz, perdón. Si estoy entendiendo bien, se le da
a la tierra un obsequio para que te permita tomar un árbol. ¿Eso es?
Cruz: Sí, mira... Sí, mire, esta es la ceremonia, ¿verdad?,
que se hace porque nosotros, el dios del viento -nosotros lo llamamos
Ki Mi Ekolo- es el dios de la selva, del monte. Nosotros, donde eso
hacemos, le damos a cambio con el son, nosotros, que llevamos el tamborcito
y la flauta. Entonces, nosotros le ofrendamos esa ofrenda a cambio
de ese árbol para que a nosotros nos lo den a y llevamos a trasladar
a un centro ceremonial. Ése se hace la profundidad de dos metros y
medio llevando una gallina negra y un litro de aguardiente.
Cristina: ¿Qué significa la gallina y qué significa el aguardiente?
Cruz: Mira, significa la gallina se alimenta al dios tierra,
a la madre tierra, para que no haya ningún accidente de las personas
que van a participar. Ellos ofrendan en lugar de que le pase un accidente
a una persona humana. Entonces, para nosotros es ofrendar al pollo
así, vivo; sepultarlo, por decir así, en un hueco, profundidad dos
metros y medio y levantando el árbol, pero haciendo una ceremonia
y levantando el árbol sólo en vivo, y luego levantan el palo del árbol.
Solo lo aplasta, lo mata. Es la creencia para que nosotros puédamos
subirse hasta la más altura que se pueda. |
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