Este 15 de mayo en México se celebrará el Día del Maestro, fecha promovida por legisladores desde 1918.
Aunque todos los docentes del país participen, el festejo habrá de alcanzar en la conciencia a quien de verdad lo merezca. Porque en esto de la promoción de la labor educativa es un hecho que no están todos los que son, ni son todos los que están.
Hace más de 30 años me enfrenté a la experiencia de tener un maestro detestable.
Sin duda, en todo el planeta debe haber una persona, distinta cada año, que salta de gusto el Día Mundial del Libro.
Desde luego que se ha de tratar de alguien para quien los libros significan la vida entera. Sin embargo, la desaforada euforia de la persona en cuestión, ha de tener su origen mas allá de su amorosa relación con los libros, debe encontrarse en su carácter de escritor elegido para recibir el Premio Cervantes.
Así pasa cuando sucede y pocas veces sucede como pasó esta vez.
Razón suficiente para contarlo, celebrarlo y difundirlo.
Era la noche de un jueves, faltaban 10 minutos para las 20:00 horas y ante las 20 ó 25 personas que desde la puerta mirábamos hacia el interior del vestíbulo, pensé que se había retrasado la apertura del Teatro Julio Jiménez Rueda.
Equivocación.