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En Comalcalco, ciudad ubicada en Tabasco, dentro del área occidental
de la región maya, Ana María y Ernesto nos abren las puertas de
un mundo vivo, en eterno movimiento. Y es que esta urbe fue uno
de los puntos estratégicos para el intercambio cultural y comercial
entre los pueblos del altiplano mexicano y el territorio custodiado
por los mayas, a pesar de que, curiosamente, vivió su mayor esplendor
cuando las megalópolis de esta civilización se encontraban ya
en el ocaso.
En lengua náhuatl, Comalcalco significa En la casa del ladrillo,
un nombre perfecto para una ciudad que, en efecto, fue construida
únicamente con dicho material. Pero este hecho habría permanecido
ignorado, quizá para siempre, de no haber sido por el explorador
francés Désiré Charnay, quien encontró esta urbe a finales del
siglo XIX, en las riberas del Río Grijalva, escondida entre la
región chontal y la oscuridad de la selva.
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