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Episodio 7: Dzibanché - Kohunlich - El templo del búho

Las ciudades de Dzibanché y Kohunlich, al sur de Quintana Roo, forman parte de una zona maya que, en su momento, albergó más de un millón de habitantes. En ellas se expresa la polaridad entre la vida y la muerte de tal modo que, al recorrer sus senderos, Ana María y Ernesto caminan, al mismo tiempo, en la frontera entre el reino de los vivos y el Inframundo.

La muerte tuvo su hogar en Dzibanché, sitio cuyo propósito funerario fue magistralmente expresado en la arquitectura del lugar; particularmente, en el Templo del Búho y la Plaza Xibalbá, en cuya creación se percibía la influencia del Petén. Mientras, en Kohunlich destaca la fina sensibilidad de su comunidad artística, de la cual hay magníficas muestras en el Templo de los Mascarones -entre otros sitios- donde los mayas veneraban al dios solar Kinich Ahau, símbolo irreductible de la vida.

 
 Información del sitio arqueológico

Localización - Zona arqueológica:

Ambos sitios arqueológicos se encuentra al sur del estado de Quintana Roo.

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Kohunlich
Este centro ceremonial, fundado entre los años 300 y 250 antes de Cristo, alcanzó su mayor esplendor durante el periodo Clásico, del 300 al 800 después de Cristo. La ciudad se encuentra al sur de Quintana Roo y destaca principalmente por los hermosos mascarones que decoran al Templo del Sol, conocido también como la Pirámide de los Mascarones. Ésta es, sin duda, la estructura más sobresaliente de la zona; en su fachada se encuentran tallados mascarones de estuco sobre una base de piedra, los cuales representan al dios del sol ceñido por motivos celestes.

Aunque una gran parte del sitio, el cual abarca alrededor de 35 kilómetros cuadrados, aún permanece sin explorar, la porción donde se han realizado trabajos arqueológicos revela numerosas plazas delimitadas por templos, palacios y plataformas que sirvieron también como un peculiar sistema de irrigación. Esto habla de la gran habilidad arquitectónica de los mayas, quienes pusieron sus ojos en el cielo para poder establecerse de manera armónica en la tierra.

Dzibanché
Esta ciudad, cuyo nombre significa escritura en madera, fue fundada hacia el 250 antes de Cristo, pero floreció durante el periodo Clásico, entre el 250 y el 600 de nuestra era. Fue, sin duda, uno de los más grandes asentamientos del sur de Quintana Roo, con un claro estilo artístico Petén. Durante su apogeo se extendió a lo largo de 40 o más kilómetros cuadrados, cercada por la selva, y fue, asimismo, una urbe longeva.

Poco de este sitio ha sido explorado, aunque se conocen algunas de sus principales estructuras, como la Plaza Xibalbá y la Plaza Gann, bautizada así en honor al investigador que rescató a esta urbe del olvido. Asimismo, se sabe que Dzibanché sobrevivió gracias a la agricultura y el comercio, pero su trascendencia histórica se debe principalmente a la guerra, pues fue una de las metrópolis que tuvo más influencia tolteca durante el Preclásico Tardío, tras el colapso de aquélla que fuera la ciudad de los dioses, Teotihuacan.

   
 
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