|

En Edzná, ciudad situada en la selva tropical de Campeche, Ana
María y Ernesto emprenden una jornada hacia el principio de los
tiempos, cuando el mundo fue creado de la nada.
Edzná, la casa de los itzaes, fue trazada sobre un plano que
simbolizaba el inicio de nuestro universo. Las magníficas construcciones
que de ella perduran son una memoria de la creación del mundo
y, a la vez, un testimonio del intercambio cultural que vivió
la zona, cuyas huellas se encuentran en los diversos estilos arquitectónicos
que ahí coexisten: el Chenes, el Puuc y el Petén, en los cuales
se encontraba labrado el ritmo del universo.
Más allá de las metáforas de piedra que guarda, Edzná deslumbra
por su disposición cuadrangular, orientada hacia los puntos cardinales;
por sus sorprendentes capacidades acústicas, derivadas de una
extraordinaria habilidad arquitectónica, y por la belleza de sus
edificaciones, donde aún quedan ecos de la presencia divina que,
en la cosmovisión maya, lo inundaba todo.
|