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En Toniná, ciudad situada en el Valle de Ocosingo, en el estado
de Chiapas, nuestros viajeros vislumbran nuevas metáforas del
tiempo, entendido éste como una transición entre el Inframundo
y el cielo.
La naturaleza ritual de este lugar da fe a Ana María y Ernesto
de la conciencia maya con respecto a los ciclos del universo;
para mantenerlos en eterno movimiento, las dinastías gobernantes
de Toniná no sólo edificaron monumentos memorables, como el juego
de pelota o el Templo del Monstruo; también saciaron la sed de
sus dioses con sacrificios cuyo fin, paradójicamente, era preservar
la vida.
Pero el mayor enigma de esta urbe es, asimismo, una obra de arte:
el Mural de las Cuatro Eras, donde están inscritos los ciclos
temporales y se advierte, al mismo tiempo, una sentencia: llegará
el fin del mundo, pero éste será, una vez más, el principio de
una era y de un nuevo misterio.
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