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Los
mayas vivieron en grandes espacios abiertos. El modo de producción
agrícola determinó la existencia de zonas rurales
en torno a grandes ciudades, aunque a veces estaban alejados de
ellas. Las urbes, al tener la capacidad de reunir -convocar- a
la gente, eran el núcleo social, político y religioso
que integraba al pueblo maya.
El estudio de la arquitectura maya, más allá de
cuestiones técnicas y estéticas, es una importante
manera de acercarse a la vida cotidiana y las costumbres de esta
cultura. El concepto bajo el que ordenaron sus espacios, la traza
de las ciudades, involucra su cosmovisión: deja ver que
los preceptos religiosos y astronómicos jugaban un papel
central. El modelo de ciudad maya, con variaciones, incluye la
existencia de una ciudadela, templos destinados al culto, palacios
que fungían como residencia de gobernantes y sacerdotes
y por lo menos un juego de pelota.
Debido a la extensión histórica de la cultura maya,
que cubre más de tres mil años, así como
a la diversidad geográfica de las áreas que habitaron,
los estilos arquitectónicos presentan también variaciones
que dependen de la época y la región en la que fueron
construidos, aunque el arco maya es una aportación importante
y un distintivo común de varias zonas.
Mientras
las casas del pueblo -como se dijo, ubicadas en la mayoría
de los casos en torno a las ciudades- estaban fabricadas con materiales
perecederos como el bajareque, las ciudades se construyeron con
materiales mucho más resistentes al paso del tiempo: pensemos
en los edificios de Uaxactún y Piedras Negras, donde se
utilizó arcilla, los que hoy parecen pirámides truncadas;
así como en los grandes templos y palacios de piedra labrada,
cuyas cámaras sepulcrales son de gran belleza, como la
encontrada en el Templo de las Inscripciones de Palenque. También
están los edificios de piedra caliza de El Petén,
la dolomita usada en algunas partes del valle del Usumacinta,
la arenisca en Quiriguá, la caliza cristalina en Lubaantún
y los ladrillos horneados con los que se construyó Comalcalco,
en Tabasco.
Casi todos los sitios arqueológicos que hoy podemos visitar
pertenecen al periodo Clásico, y su florecimiento se ubica
entre el año 600 y 1000 d.C., época en la que la
arquitectura alcanzó expresiones artísticas -básicamente
con el estilo Puuc, cuyo ejemplo más claro es el Templo
del Adivino en Uxmal - que no sólo maravillaron a los españoles,
sino que hoy en día son considerados monumentos artísticos
de la humanidad; espacios fascinantes y enigmáticos que
atraen a gente de diversas nacionalidades durante prácticamente
todo el año.
Es
importante considerar que la arquitectura del periodo Posclásico
se ubica únicamente en Quintana Roo: en Chichén
Itzá (influencia maya-tolteca que se manifiesta en el Templo
de los Guerreros, El Castillo, el Observatorio) y Tulum (el Templo
de los Frescos), ya que debemos considerar que las ciudades ubicadas
en la región sur fueron abandonadas antes del año
800 de nuestra era, y en el área central ocurrió
lo mismo alrededor del año 1000, debido al insólito
Gran Colapso Maya.
Por otra parte, debemos hacer un esfuerzo por imaginar estos
magníficos edificios como en realidad fueron construidos,
con motivos labrados y pintados que decoraban las pirámides;
la presencia de cresterías, estelas, dinteles, cámaras
sepulcrales; los coloridos recubrimientos de sus superficies,
donde se hacía presente su escritura, así como sus
pinturas murales. A veces se usaron mosaicos de piedra labrada;
otras, estuco modelado sobre armazones de piedra, que permite
diseñar formas tridimensionales de gran atractivo.
Acerca de los estilos arquitectónicos regionales, explica
George F. Andrews:
"Al parecer, el área de las tierras bajas mayas del
clásico tardío y terminal estuvo formada por 15
a 17 regiones o ciudades-estado y cada una de ellas tuvo un gran
centro urbano o 'capital'. Casi todas estas regiones están
marcadas por un estilo arquitectónico peculiar, particularmente
notable en las regiones Sudoriental, Petén Central, Usumacinta,
Noroccidental, Río Bec, Chenes, Puuc, Planicies Noroccidentales
y Costa Oriental. Los atributos de las construcciones mayas pueden
describirse de manera más exacta si se identifican y caracterizan
a través de rasgos arquitectónicos, constructivos
y decorativos específicos.
"Puede decirse que existe un estilo arquitectónico
específico cuando aparece reiteradamente un conjunto de
estos tres elementos en gran parte de los edificios, hasta volverse
su impronta".
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