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La escritura maya quedó registrada en códices,
pinturas, estelas, edificios y materiales que ofrecieron ricas
texturas como la concha, el algodón, los objetos hechos
de cerámica y diversas joyas realizadas en piedras de gran
belleza, como el jade y la obsidiana.
En
los códices, sus libros sagrados, registraron noticias,
crónicas y hechos históricos; hicieron gala de la
precisión de sus sistemas cronológicos y de su literatura
y dieron cuenta de su arte, así como de sus conocimientos
en astronomía, medicina y botánica. Como se evidencia,
se necesitaba ser poseedor del conocimiento para escribir códices;
por ello, los sacerdotes, pertenecientes a la nobleza, eran los
encargados de escribirlos. Eran llamados ah ts'ib: escribas,
o ah woh: pintores.
También
eran ellos los únicos que tenían la facultad de
leerlos e interpretarlos, ya que la manera de hacerlo dependía
del momento, de la situación y de quién los consultaba
-así como de los objetivos que perseguía al hacerlo-.
Como se ve, la interpretación jamás era única
y lineal, hecho que, por cierto, dificulta el desciframiento de
los códices. Aunado a ello, como su escritura tiene varios
signos para representar una misma idea, la lectura se vuelve rica
en expresiones, pero altamente codificada y compleja.
Fabricaron sus códices usando una corteza vegetal: el
amate, y se sabe que también utilizaron la piel de venado
especialmente tratada. Formaban largas tiras dobladas como biombo
y las recubrían con una fina capa de estuco, sobre la que
dibujaban, y esto les permitía hacer correcciones aplicando
el color blanco a manera de goma de borrar para continuar pintando
sus jeroglíficos.
Los códices tenían un orden: cada página
estaba perfectamente dividida en secciones de glifos, numerales
y figuras. El colorido de los códices es notable, y destaca
el uso del rojo, el negro y el azul maya.
La mayor parte de los códices mayas fue destruida durante
la Colonia. Han sobrevivido hasta nuestros días únicamente
tres códices que han recibido el nombre de la ciudad en
donde se encuentran: Dresde (Alemania), París (o Peresiano)
y Madrid (o Trocortesiano).
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