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Hacia
el año 400 de nuestra era, durante el periodo clásico
antiguo, la región maya tuvo una gran influencia de la
civilización tolteca; particularmente, de Teotihuacan,
metrópoli que encarnaba el ideal de las ciudades mesoamericanas
de la época y que introdujo, en la zona maya, nuevos cultos,
prácticas guerreras y deidades. Su herencia fue notable
en Palenque y en Tikal, urbe que dos siglos después -hacia
el año 600 después de Cristo- tras el misterioso
abandono de Teotihuacan, se convirtió en la ciudad más
grande de la América precolombina.
El año 600 de nuestra era también marcó
el inicio del periodo clásico tardío maya, así
como el esplendor de ciudades tan importantes como Yaxchilán,
Bonampak y Copán; pero ninguna de ellas alcanzó
el poder de Tikal, el gigante de la época, y de Palenque
bajo el gobierno del rey Pakal. Fue entonces que el imperio maya
alcanzó una mayor sofisticación tanto en sus expresiones
artísticas y religiosas como en sus estudios matemáticos
y astronómicos: los mayas eran capaces de medir las órbitas
de cuerpos celestiales con una exactitud inaudita y predijeron
los movimientos de Venus con un grado de precisión que
sólo recientemente ha sido igualado.
Durante
esta etapa de auge, la población creció y las ciudades
se expandieron. Sin embargo, apenas tres siglos después,
el gigantesco imperio maya -que abarcaba desde el sureste mexicano,
Guatemala y El Salvador hasta Honduras, en el corazón de
Centroamérica- estaba destinado a desmembrarse.
Aun hoy no se sabe con certeza cuáles fueron los motivos
que originaron el abandono de las grandes ciudades del clásico
tardío maya. Los problemas comenzaron, al parecer, hacia
el 750 después de Cristo, tras la muerte del rey Pakal
en Palenque, cuando las viejas alianzas entre los diferentes grupos
mayas comenzaron a resquebrajarse; el comercio sufrió un
fuerte estancamiento y creció la animadversión entre
los propios pueblos de la región.
En el año 869 se suspendieron las actividades de construcción
en Tikal, lo que marcó el declive de la ciudad por entonces
más poderosa de la zona. Treinta años después,
en 899, Tikal fue abandonada junto con otras muchas metrópolis
del altiplano central maya que fueron devoradas por la selva durante
siglos. Para el año 900 había concluido ya el periodo
clásico maya, el de mayor crecimiento científico
y cultural, con el posterior deterioro de las principales ciudades
del altiplano central.
A la fecha, sólo pueden barajarse hipótesis para
explicar el colapso maya. Se cree, por ejemplo, que hubo crisis
agrícolas a consecuencia de la ruptura del equilibrio ecológico,
las cuales desembocaron en hambrunas que bien pudieron haber acarreado
graves conflictos políticos; también, que conforme
creció la población crecieron las presiones sobre
los campesinos, ya que tan solo en el sur de Yucatán había
cientos de personas por kilómetro cuadrado que dependían
de la tierra para su sustento, lo cual pudo propiciar mayores
discordias entre los diversos estamentos sociales.
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Un misterio sin resolver
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Aún hoy no se sabe con certeza cuáles
fueron los motivos que originaron el abandono de las
grandes ciudades del Clásico Tardío
maya.
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A pesar de las inmensas lagunas existentes en torno al colapso
maya, numerosos investigadores coinciden actualmente en que, más
que de un colapso, debería hablarse de una reorganización
y regionalización de la sociedad maya al final del periodo
clásico, cuando fueron desocupadas las ciudades centrales
de las tierras bajas y comenzaron largas temporadas de migraciones
hacia las tierras altas de Yucatán, Campeche y Quintana
Roo. Así, podría decirse que el llamado gran colapso
maya fue propiciado no sólo por causas naturales, sino
por los propios mayas durante su proceso de reorganización
social.
La prueba está, dicen, en que tras la caída de
Palenque -la otra gran ciudad donde, a la muerte de Pakal, el
poder fue distribuido y compartido por la nobleza local- la cultura
maya continuó floreciendo, sobre todo en el norte de la
península de Yucatán y las tierras altas de Guatemala
y Chiapas, para dar paso al periodo postclásico maya.
El
postclásico abarcó desde el año 900 hasta
el 1524 después de Cristo, fecha de la caída de
la capital del imperio quiché, Gumarcaach; durante este
periodo, en el cual predominó el ascenso de los itzaes,
los quichés y los cakchiqueles, se crearon ciudades como
Uxmal, Chichén Itzá y Mayapán; disminuyeron
los avances en la astronomía y las matemáticas;
surgieron nuevos estilos artísticos y se introdujeron,
una vez más, nuevos cultos y deidades. Mientras, Tikal
y Palenque, emblemas del clásico maya, se convirtieron
en centros de peregrinación antes de sumergirse en el olvido.
La civilización maya, pues, no sufrió un colapso;
sencillamente, entró en un proceso de reorganización
y cambios paulatinos que culminó, finalmente, con la llegada
de los españoles a territorio mexicano. Cuando Hernández
de Córdoba descubrió la Península de Yucatán,
en 1517, la civilización maya era otra: sólo la
sombra de su gloria anterior.
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