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El
arte funerario
Aunque fue esencialmente cerámico, el
arte funerario ocupa un rango especial. Las obras halladas en
las tumbas son, sobre todo, esculturas de barro deliciosas en
sus detalles: los tocados, los rostros, los peinados, las vestimentas
e incluso las posturas fueron acabados con una delicada y majestuosa
precisión.

Frecuentemente, estos objetos estaban pintados
en azul, amarillo, rojo y blanco, colores relacionados con los
cuatro rumbos del universo. Pero no sólo eran figuras humanas:
abundaban también las representaciones de animales, como
guajolotes, armadillos, tortugas y monos, y las de templos-deidades:
casas y dioses relacionados con ellas.
La utilidad del arte funerario para los arqueólogos
modernos es infinita: gracias a él se han podido comprender
mejor las características físicas del pueblo maya
e, incluso, algunos de sus ritos corporales, como la deformación
craneal, la mutilación de los dientes y la escarificación
practicada en mujeres de alta jerarquía, nobles y sacerdotes.
De igual forma, nos permiter aproximarnos a la indumentaria de
los personajes enterrados, a su trabajo y a su papel desempeñado
dentro de la sociedad.

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