 |

Libros del Chilam Balam
Chilam
significa "el que es boca"; es decir, el que profetiza;
los chilames eran los sacerdotes que interpretaban los
libros antiguos para extraer de ellos profecías, el conocimiento
de los hechos futuros. Para los mayas, el arte de profetizar era
posible porque creían que el tiempo era una sucesión
de ciclos cósmicos y que los acontecimientos, dependiendo
de estos ciclos, podían repetirse. Así, a los chilames
se les consideraba intérpretes de los mensajes de los dioses.
Balam significa "jaguar" o "brujo",
y es, en realidad, un nombre de familia. Se dice que Chilam Balam
fue un taumaturgo, un sacerdote del pueblo de Maní que
vivió poco antes de la Conquista y que tenía gran
reputación como profeta. Cuentan que junto con otros sacerdotes,
llamados Napuctun, Al Kauil Chel, Nahau Pech y Natzin Yubun Chan,
predijo la llegada de una nueva religión; tras la Conquista,
esto se interpretó como un aviso de la llegada de los españoles
y del cristianismo.
Generalmente, las profecías se encuentran en los libros
sagrados; de ahí derivó el llamarles genéricamente
chilam balames. Cada poblado escribió su propio libro,
por lo que existen chilam balames de numerosas poblaciones; entre
ellas: Maní, Tizimín, Chumayel, Kahua, Ixil, Tekax,
Nah y Tusik; el más conocido es el Chilam Balam de Chumayel.
|
En su libro El A,B,C del arte maya, Fernando
Medina Ruiz comenta: "En el periodo clásico
la literatura maya (temprana) fue oral, abstracta,
antifonal y sumamente simbólica. Es muy poco
lo que se conserva de ella, aunque se advierte que
era musical, diáfana, emotiva, impetuosa y
retraída como el alma maya tocada de fatalismo
y eternidad".
Para ilustrar este brillante análisis recurre
a un poema profético contenido en el Chilam
Balam de Tizimín:
Come, come para que tengas pan;
bebe, bebe para que tengas agua.
Ese día, polvo cubrirá la Tierra;
ese día, una plaga cubrirá la faz de
la Tierra;
ese día, una nube se alzará;
ese día, un hombre fuerte se apoderará
de la Tierra;
ese día, las casas caerán en ruinas;
ese día, el tierno follaje será destruido;
ese día, habrá tres signos en el árbol;
ese día, tres generaciones penderán
de él;
ese día, será izado el estandarte de
la batalla
y [los hombres] se dispersarán por el bosque.
|
|
El Chilam Balam de Chumayel procede de Chumayel, distrito
de Tekax, Yucatán; se supone que el compilador fue un indígena
llamado Juan José Hoil, de Yucatán, ya que su nombre
aparece en la página 81 del manuscrito, al lado de la fecha
20 de enero de 1782; pero es claro que después participaron
otras personas que interpolaron diversos textos. Luego pasó
a manos de Justo Balam, quien era, presumiblemente, un sacerdote
o su secretario. Él inscribió, en 1832 o 1833, dos
registros bautismales en una de las páginas en blanco del
libro. A partir de entonces, éste cambió de dueño
varias veces hasta que llegó a manos de don Crescencio
Carrillo y Ancona, obispo de Yucatán. En 1887, el texto
fue fotografiado por Teobert Maler; diez años después,
tras la muerte de Carrillo y Ancona, fue adquirido por Ricardo
Figueroa. Éste lo cedió en préstamo a George
B. Gordon, director del Museo de la Universidad de Pennsylvania,
para que hiciera una reproducción fotográfica y
una edición facsimilar que a la postre resultarían
afortunadas.
Cuando murió Figueroa, en 1915, el manuscrito fue llevado
a la Biblioteca Cepeda de Mérida. Cuando el arqueólogo
mayista Sylvanus G. Morley intentó verlo, en 1918, el libro
había sido robado junto con otros manuscritos. Por fortuna,
aún quedaban las copias de Maler y de Gordon. Veinte años
después, el libro apareció a la venta en los Estados
Unidos con un precio de siete mil dólares; más tarde
se lo ofrecieron a Morley en cinco mil dólares.
La
primera traducción completa de la obra al español
fue una versión de Antonio Mediz Bolio, editada en Costa
Rica en 1930; posteriormente, en 1933, se editó la versión
en inglés, realizada por Ralph L. Roys y publicada por
la Carnegie Institution de Washington. La mayor parte de las ediciones
en español derivan de la traducción de Mediz Bolio.
La mayor parte de los textos del Chilam Balam de Chumayel
son de índole religiosa; destacan, particularmente, los
fragmentos relativos a los mitos cosmogónicos, sin aparente
conexión entre ellos, tal vez porque hacen referencia a
leyendas de diferentes grupos, como los quichés y los nahuas.
Otros son de carácter ritual, calendárico o astronómico;
existen también textos históricos acerca de los
principales grupos mayas yucatecos y lo que les aconteció
tras la Conquista. La obra concluye con las célebres profecías
sobre la llegada de una nueva religión realizadas por el
Chilam Balam histórico y otros taumaturgos.
Los escritos míticos y proféticos están
redactados en un lenguaje de alto contenido simbólico y
con múltiples significados, en el cual se emplean metafóricamente
objetos, colores y seres naturales para expresar ideas. Es evidente
que con esta escritura se pretendía no sólo dar
a los textos un carácter esotérico, sino ocultar
a los profanos su significado verdadero.
Por el contrario, los fragmentos históricos asientan escuetamente
los hechos y la fecha en que acaecieron, tal como debieron registrarse
en los códices de la antigüedad. Destacan, particularmente,
las narraciones de la Conquista, sembradas de lamentos, indignación
y desprecio por la rapacidad de los españoles. Los mayas
de entonces quisieron que estos acontecimientos no fueran olvidados
por sus descendientes. Gracias a ello nos legaron, en el Chilam
Balam de Chumayel, un libro de misteriosa belleza que permanecerá
vivo mientras sus páginas se abran ante nuestros ojos y
los de las generaciones venideras.
Gran parte de los chilam balames restantes deben permanecer aún
en manos de las comunidades indígenas que han resguardado
sus tradiciones a pesar de los embates de la modernidad. Los chilames
balames fueron escritos en papel europeo, en forma de cuadernos.
En general, su contenido es una recopilación de textos
diversos redactados en diferentes épocas a partir del siglo
XVI; los hay míticos, históricos -principalmente
acerca de la trayectoria de los xiúes y los itzaes- proféticos,
rituales, médicos, astronómicos y cronológicos,
literarios, y algunos más no clasificados.
Conforme se deterioraban, los chilam balames eran copiados, lo
que provocó numerosos errores de transcripción.
También se les integraron nuevos textos, según el
criterio de los depositarios; por lo tanto, las versiones que
conocemos no son las originales, sino copias realizadas a finales
del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII.
|