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El Popol Vuh
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Ésta es la relación de
cómo todo estaba en suspenso,
todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado,
y vacía
la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer
discurso.
No había todavía un hombre, ni un animal,
pájaros,
peces, cangrejos, árboles,
piedras, cuevas, barrancas,
hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra.
Sólo estaban el mar en calma
y el cielo en toda su extensión
Popol Vuh
Capítulo primero
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El Popol Vuh fue escrito en el siglo XVI, durante la Colonia;
se ignora quién fue su autor. De hecho, su existencia permaneció
oculta durante cerca de un siglo, cuando fue hallado por el padre
fray Francisco Ximénez, párroco de Santo Tomás
Chuilá, hoy Chichicastenango, Guatemala, en posesión
de los indígenas de la región. Durante la Colonia
las leguas mayas se encontraban en transición, por lo que
es probable que se haya transmitido de boca en boca durante largo
tiempo.
El
texto original estaba escrito en lengua quiché, pero con
los caracteres latinos que los frailes enseñaron a los
nobles mayas. Ximénez lo tradujo al español y lo
transcribió también en lengua indígena; posteriormente,
lo incluyó en un volumen titulado Arte de las tres lenguas,
una gramática del quiché, el tzotzil y el cakchiquel
que contenía también un Confesionario y un
Catecismo de indios. Hasta la fecha, se ignora dónde
quedó el original en que se basó Ximénez;
es probable que lo haya devuelto a los indígenas que se
lo prestaron, y a la oscuridad en la que había permanecido
hasta entonces.
A mediados del siglo pasado, el manuscrito se encontraba en la
Biblioteca de la Universidad de Guatemala, de donde, en 1855,
pasó a manos del abate Charles Etienne Brasseur de Bourbourg,
quien lo llevó a Europa como parte de su colección
americana. A su muerte, la obra de Ximénez fue adquirida
por el señor Edward Ayer, e incorporada a su colección
lingüística. El doctor Carl Scherzer realizó
una copia del original en español y lo publicó en
Viena en 1857. El texto en quiché fue dado a conocer más
tarde, en 1861, junto con la traducción al francés
realizada por Brasseur. Finalmente, la versión del Popol
Vuh de Ximénez fue a parar a la Biblioteca Newberry,
en los Estados Unidos, oculta bajo el título de Arte
de las tres lenguas. Ni siquiera el personal de la Biblioteca
sabía que se encontraba ahí.
Si
se compara el texto original transcrito por Ximénez y el
impreso por Brasseur, se encuentran notables variantes, algunas
omisiones y otros cambios que afectan su intepretación.
De hecho, el original era un solo texto de corrido; la división
en las cuatro partes que hoy conocemos se debe a Ximénez.
Pero, además, es evidente la influencia católica;
en particular, de los relatos de la Biblia, sobre todo en la descripción
de la creación del mundo. A pesar de ello, el Popul
Vuh conserva un auténtico sabor quiché, lleno
de exquisitas metáforas con múltiples significados
cósmicos.
En su primera parte, el libro, tal como lo conocemos actualmente,
describe el origen del mundo -un génesis indígena-
y la creación del hombre; en la segunda, casi como un cuento
para niños, narra las aventuras de dos jóvenes semidioses:
Hunahpú e Ixbalanqué, en el oscuro reino de Xibalbá,
la tierra de la muerte; finalmente, la tercera y la cuarta parte
dan cuenta del origen de las naciones indígenas de la región;
sus linajes y dinastías, sus migraciones, guerras y conquistas,
lo que constituye un invaluable documento histórico para
los estudiosos de la cultura de los mayas antiguos, aquéllos
que, como nadie, supieron resistirse al olvido.
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