|

 |
| Grabado de Tulum |
Enigmas tallados en la piedra; escenarios forjados en los sueños.
Relatos de ciudades nunca imaginadas que parecían nacer
de un acto de seducción de la mirada. Fue a partir del
siglo XVI, con la Conquista española, que la cultura maya
se hizo presente en la conciencia occidental.
La verde, febril selva, que adquiría innumerables matices
al contacto con el sol, resguardaba numerosos tesoros. La otredad
se manifestaba en todo: en cada forma, en cada gente, y en la
riqueza de la magnífica flora y fauna que habitaba estas
ciudades inmensas.
Fueron los frailes, militares y exploradores de esta etapa inicial
de investigación del territorio maya quienes hicieron las
primeras narraciones acerca de la zona, breves y de carácter
subjetivo. Incluso durante el siglo XVIII las expediciones no
significaban gran cosa, en parte por la resistencia indígena
y por los problemas que representaba esta área desde el
punto de vista climático. Ya en el siglo XIX, hombres como
Antonio del Río, Guillermo Dupaix, José Castañeda,
Lorenzo de Zavala, Galindo, Juan Gallardo, Waldeck y el famoso
Alejandro von Humboldt realizaron increíbles descripciones
que despertaron el interés internacional y lograron que
se reconociera a la maya como una de las grandes culturas de la
humanidad, comparable con otras como la egipcia o la china.
 |
|
Alfred Percival Maudslay
|
Poco a poco, la difusión de estos hallazgos propició
que algunas instituciones se interesaran en participar en las
exploraciones. El Museo Peabody de la Universidad de Harvard y
el Museo Británico financiaron excavaciones. Dos de los
protagonistas de esta aventura fueron los legendarios viajeros
John Lloyd Stephens, abogado de procedencia norteamericana que
fue enviado a Centroamérica en misión diplomática,
considerado por algunos como el padre de la arqueología
maya, y el dibujante inglés Frederick Catherwood. Ambos
hicieron un recorrido durante 1839-1840, y lo suspendieron debido
a fiebres palúdicas, aunque editaron el libro: Incidentes
de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán
(Nueva York, 1841). Entre 1841-1842 regresaron a Yucatán;
de este viaje surgió el libro Incidentes de viaje en
Yucatán (NY, 1843), y un escrito de Sthepens sobre
Chichén Itzá (1846).
En 1844, Catherwood publicó, bajo el título de
Views of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and
Yucatán, una colección de 25 litografías
de diversas ruinas entre las que están Kabah, Copán,
Palenque, Uxmal, Labná, Chichén Itzá, Tulum
y muchas más. Cabe destacar que para la realización
de su trabajo empleó el daguerrotipo, que estaba de moda
en ésa época, y que fue una de las primeras técnicas
fotográficas; consistía en fijar en una placa metálica
sensible las imágenes obtenidas con la cámara
oscura. Mediante este procedimiento, Catherwood consiguió
la mayor exactitud y fidelidad para después realizar sus
dibujos. Desde luego, en ocasiones tuvo que recurrir a su imaginación
para recrear vistas de los edificios que estaban incompletos o
cubiertos por la maleza.
 |
| Sylvanus Morley |
Paralelamente a la labor de estos viajeros, Götze, director
de la Biblioteca de Dresde, descubrió y analizó
uno de los libros mayas más importantes, el cual sería
denominado Códice de Dresde. Asimismo, en la Biblioteca
de París, León Rocín encontró la segunda
parte del códice denominado Pérez o Códice
París, que se publicó en 1864. Por otra parte,
el abate francés Brasseur de Bourbourg descubrió
importantes documentos para entender la cultura maya: el Memorial
de Sololá, el Rabinal Achí y el Popol
Vuh.
A finales del siglo XIX y principios del XX vino una verdadera
ola de descubrimientos y se profundizó en muchas investigaciones.
El patrocinio de instituciones internacionales hizo posible la
realización de dichos estudios bajo criterios mucho más
científicos. Son varios los nombres que destacan en este
periodo de hallazgos y estudios sólidos; entre ellos podemos
citar a: Charnay, Maudslay, Thompson, Morley, Coe, Healey, Ruz
Lhuillier, Knórosov y Schele. La lista es larga y sería
imposible referir en este espacio el trabajo de cada uno, por
lo que se recomienda revisar la bibliografía si se quiere
profundizar en la vida y la obra de alguno de ellos.
 |
| Templo XII en Palenque |
Lo que es un hecho es que el área maya sigue siendo un
espacio sumamente atractivo, enigmático y lleno de retos;
es mucho lo que se ha logrado, pero todo parece indicar que es
mucho más lo que falta por hacer, ya que son numerosos
los descubrimientos que se han realizado en los últimos
años, y éstos demuestran que continúan escondidos
muchos tesoros; un ejemplo es la hermosa ciudad de Calakmul, enclavada
en la selva de Campeche, así como la fastuosa tumba de
la Reina Roja, en Palenque.
|