Juan Soldado

El culto a Juan Soldado es más o menos reciente. Se inició poco después de la muerte por fusilamiento -o aplicación de la Ley Fuga- del soldado Juan Castillo Morales, a quien se acusaba de la violación y el estrangulamiento de la niña Olga Camacho. Hoy, su tumba es un lugar de peregrinación obligada para cientos de migrantes que intentan cruzar al otro lado. Parece tratarse de un caso donde la culpa colectiva -el crimen de Juan Castillo Morales jamás fue probado- ha terminado por transformar al presunto asesino en una víctima de las circunstancias.

En la época de aquel suceso se decretó el cierre del casino de Agua Caliente y se dieron diversos enfrentamientos con los sindicatos. De hecho, tras la confirmación del decreto expropiatorio de los casinos por parte de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, la población de Tijuana se amotinó. La desaparición de la niña Camacho fue la gota que derramó el vaso. Los manifestantes se plantaron frente a la cárcel municipal y exigieron que se les entregara al reo, quien había sido detenido como presunto culpable el 14 de febrero. Ante la negativa de las autoridades, los manifestantes se dirigieron al edificio del ayuntamiento y a la comandancia de la policía y los incendiaron. Finalmente, Juan Soldado fue ejecutado el 18 de febrero a las ocho de la mañana. Pero a partir de entonces la historia se difumina: poco a poco se comienza a decir que Juan Soldado fue sólo un chivo expiatorio, que su muerte fue tan solo la tapadera de alguien más poderoso. Paulatinamente, el soldado se convirtió en santo.

Hoy, los cientos de visitantes que van a su tumba refieren la historia de Juan Soldado como un hecho injusto y están más que convencidos de la inocencia del santo, quien, por otra parte, parece ser muy milagroso.

Bibliografía

Entre la magia y la historia
José Manuel Valenzuela (coordinador)
El Colegio de la Frontera Norte y Plaza y Valdés Editores

La religiosidad popular en Tijuana: la devoción a Juan Soldado
David Ungerleider
Revista El Bordo