La religiosidad popular en México tiene muchas
y muy diversas formas de expresión. Desde los inicios de la dominación
española en América Latina y gracias al mestizaje, surge un rico
y variado sincretismo religioso único en el mundo, una de cuyas
mayores expresiones es la identificación de Tonantzin con
la Virgen de Guadalupe.
Cada
año, millones de mexicanos de todas las edades van de un lado a
otro del país para cumplir con sus obligaciones religiosas. No hay
poblado, por pequeño o pobre que sea, ni por remoto que se encuentre,
que no celebre durante el año las fiestas de su santo patrón. Cristos,
vírgenes y santos que alivian, consuelan y dan esperanza a un pueblo
abrumado por los pesares de la vida cotidiana y obsesionado por
la trascendencia.
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